Emiliano Carrón, papá de una niña que concurre a primer año, confirmó su rol como papá de la institución y el panorama desalentador con el que se topó su hija al iniciar el ciclo lectivo.
"Mi hijita está empezando la escuela, primer año, y nos estamos encontrando con que hay problemas edilicios, no están brindadas las condiciones para que los chicos puedan asistir", relató con preocupación. Luego indicó que “la paciencia llegó a su límite tras acumular más de dos semanas consecutivas sin actividad escolar”, un escenario que empujó a los padres a autoconvocarse en una asamblea de urgencia para redactar un reclamo formal. Esta reacción surgió tras la postura de los docentes, quienes ya venían en asamblea permanente debido a que el edificio directamente se inunda, se cae la mampostería y las paredes se están descascarando.
Al indagar sobre las medidas que tomó el Gobierno provincial para salir del paso, el papá se plantó con firmeza contra la reubicación de los alumnos en la Escuela 10 y el IPES. "A nosotros no nos parece, no nos gustó esa decisión. Los chicos no se van a sentir cómodos en otras instituciones, no estamos conformes ni nos sentimos seguros de que ellos estén bien", enfatizó.
La postura de la comunidad es unánime en cuanto al sentido de pertenencia y la seguridad de los menores. "Queremos que nuestros hijos estén en la Escuela 19, que es la institución donde nosotros nos inscribimos", sentenció, anticipando que durante la jornada marcharán al Ministerio de Educación e Infraestructura para exigir que “se pongan a trabajar en serio”.
Más adelante, al profundizar sobre el origen y el detalle de las fallas materiales que presenta el edificio, la respuesta desnudó un problema histórico de abandono. Emiliano recordó que las autoridades del colegio les hablaron de un viejo cartel de obra que prometía una inversión superior a los 230 millones de pesos para arreglar los techos y las goteras, “algo que jamás se tradujo en realidades”.
"Lo único que han hecho es hacer parches internos en lo que es la estructura de mampostería, simplemente parchar la parte interior, pero de arriba en el techo no se ha logrado filtrar", detalló. “Las consecuencias de estas reparaciones superficiales salta a la vista cada vez que el clima empeora. Cuando llueve la escuela se convierte en un caos, se inundan las escaleras que conectan con la planta alta, los baños quedan inutilizados y el peligro de derrumbe es constante”, afirmó el papá.
Hacia el final, al evaluar si el verdadero reclamo de las familias apunta a una inversión estructural profunda y no a paliativos temporales, el padre señaló que es así, de manera tajante. "Claro, nosotros queremos una solución de fondo", afirmó, vinculando el caso con la realidad de otros colegios de la zona, “como los de la margen sur del río Grande, donde el Estado tampoco dio bolilla a los reclamos vecinales”.
Finalmente, dijo que la mayor angustia radica en el tiempo pedagógico perdido en una primera mitad de año que ya venía golpeada por el conflicto salarial que sostiene el sindicato docente, “porque lógicamente los maestros están peleando por su salario”. "Lamentablemente los chicos son los que se atrasan, los que están sin clases y la verdad que eso los perjudica a ellos", concluyó.