La quita del subsidio de gas golpea con fuerza a la mayoría de la población, desde familias numerosas o de un solo sostén económico, jubilados y hasta pequeños comercios que tratan mantenerse a flote de alguna manera. Todos ellos buscan la forma de reorganizarse para poder mantener algo esencial en la zona sur de Argentina; una necesidad básica que tenemos como población todo el año.
La provincia más austral del mundo es la segunda productora de gas del país, detrás de Neuquén, y es la que más sufre con las elevadas tarifas y aumentos que son consecuencia de esta decisión del gobierno nacional.
Temperaturas bajo cero y muchos vecinos que no pueden hacer frente a los nuevos costos, ni mucho menos a los que se cobra para una conexión de gas natural, exigida por el esquema provincial. Por eso muchos hogares necesitan del subsidio estatal para no llegar a condiciones más extremas; es un recurso del que dependen los sectores más vulnerables que no tienen la posibilidad de acceder al gas natural.
Particularmente en Río Grande estos grupos se concentran más en la zona sur de la ciudad. Margen Sur, Barrio Austral, un barrio donde conviven estas poblaciones, donde se encuentra una multiplicidad de culturas, divididas y atravesadas por diferentes situaciones. La zona de las chacras y el barrio Miramar son los que más padecen la problemática del gas ya que no cuentan con una red de suministro y dependen totalmente de los bonos que se les proporciona mensualmente.
Son familias compuestas por un gran número de personas, entre ellos niños y adultos mayores, que son los que resultan más afectados a la hora de tener que solventar todos aquellos gastos básicos que se tiene cotidianamente. Familias con un solo sostén económico y que deben decidir cómo distribuir un salario, que no en todos los casos es justo y digno. Gente adulta que solo sobrevive con una jubilación mínima. Son muchos los perjudicados por esta problemática que se viene arrastrando hace años y donde las decisiones son tomadas desde Buenos Aires sin contemplar toda la realidad fueguina.
Números que no cierran
“Los vecinos no llegan a cubrir el gasto, entonces se quedan sin gas mucho tiempo antes de que se vuelva a renovar el subsidio del mes siguiente y pasan frío porque cuidan más el uso del gas, entonces quizás apagan las estufas durante el día o a la noche” afirmó Cintia Souto, referente barrial. Hay muchas familias que no cuentan con lo suficiente para solventar mes a mes un gasto necesario y vital para la supervivencia, que deben buscar alternativas para poder afrontarlo.
Hasta junio del año pasado, el programa de subsidio al gas envasado benefició a más de 6507 usuarios, distribuidos en toda la provincia. Para ser más exactos, en Río Grande un 33 %, lo que equivale a 2115 usuarios; Ushuaia un 59 %, es decir unos 3856 consumidores y Tolhuin con un 8 % que serían alrededor de 536 beneficiarios.
Para que tengamos una idea de lo que es cubrir el gasto mensual por una recarga de gas envasado, en mayo del año pasado el kilogramo ya había ascendido a 2.020 pesos, de los cuales la Provincia se hace cargo de más de la mitad, Nación aproximadamente 200 pesos y el resto lo abona el usuario. Ahora con los aumentos y la reducción de los distintos subsidios, el kilogramo ya rondaría casi los 3000 pesos aproximadamente. Un costo que se hace aún más difícil al vecino de poder solventar.
Debemos agregar que el gobierno de Gustavo Melella, mediante decretos, realizó ajustes en los subsidios del gas envasado. “En su momento hizo un cambio este gobierno en la administración del subsidio, donde antes eran 10 bonos de 45 kilos o si tenías garrafas de 10, te decían bueno 9 bonos de 45, 5 bonos de 10. Ahora si no se tiene garrafas de 10, esos 5 bonos se pierden porque no hay forma de usarlo. Entonces tengo 50 kilos menos. Esto lo efectivizó, a todos, en octubre o agosto del año pasado con un decreto que redujo 50 kilos del subsidio total” contó Cintia.
Esta quita además provocó otros tipos de inconvenientes, incidentes como incendios y pérdidas de gas e intoxicaciones, porque los vecinos empezaron a usar leña y tarimas, salamandras para poder calefaccionarse, con el peligro de no saber qué están quemando con tal de no pasar el frío extremo.
Ni ahorrando alcanza
“Trabajo en una cooperativa de limpieza y también trabajo de forma particular limpiando casas. Aun así no llegó a fin de mes para poder pagar todos los servicios de la casa y solventar los gastos cotidianos que tenemos” relató Eliana, quien es único sostén en su vivienda y tiene una hija a cargo.
Con la quita del subsidio de gas muchos vecinos pasaron de pagar boletas aproximadas de 20 mil o 30 mil pesos a montos que ya equivalen a 80 mil pesos como mínimo. “Significa que se sigue manoseando el bolsillo de las personas más vulnerables” afirmó Eliana, quien le produjo un malestar al enterarse que le subieron el monto de un momento a otro teniendo en cuenta que en su casa solo funciona un solo calefactor de tres que tiene y que a veces prende dos hornallas de la cocina para calentar un poco la casa cuando llega del trabajo, y aparte para el momento de cocinar.
“Tuve que reducir otros gastos para poder pagar el gas, y aun así sigue siendo alto el costo para mi estilo de vida, se nota muchísimo”. Eliana disminuyó y reorganizó la administración de sus cuentas a pesar del ingreso que tiene producto de sus dos empleos, que tampoco llegan a un salario básico y mínimo para subsistir.
El desafío de pequeños comercios barriales
“Afecta directamente, es un golpe para los comercios pequeños ya que no tenemos la misma solvencia que las grandes cadenas. Entonces que tengamos que subir los costos es letal ya que el gas es imprescindible en Tierra del Fuego, que es una zona donde el frío nos acompaña durante todo el año” comentó Leo, dueño de una pollería en el barrio Austral, quien tuvo que modificar los precios de sus productos para poder llegar al monto que le empezó a venir en las boletas de gas después de la quita del subsidio. A su vez trata de tener precios accesibles para la gente del barrio que también atraviesa esta situación de aumentos importantes en los servicios.
Los ingresos de comercios chicos, como lo es la polleria de Leo, dependen de entradas económicas más ajustadas y a su vez no pueden elevar tanto los costos como lo pueden llegar a hacer los comercios más grandes, porque eso afectaría muchísimo a sus ventas y la incertidumbre de llegar a cubrir todos los gastos que conlleva mantener un negocio y al mismo tiempo un hogar.
“Los cambios que implementamos son cuando estamos trabajando en el local, encendemos la calefacción y, cuando nos retiramos, lo apagamos para no insumir más costos” afirmó el comerciante.
“Deberían ser más humanos y no pensar solamente en la parte monetaria y en la ganancia de las empresas. Pensar que hay gente que la está luchando día a día, que sueña con crecer, pero con toda esta suba de tarifas y todo, la verdad que se hace muy complicado. Estaría bueno que puedan bajar a los pequeños comercios, a visitarnos y que vean que se lucha diariamente, tal vez eso los haga reflexionar” agregó Leo.
Todas estas realidades presentan diferencias en cuanto a la forma en que reciben el gas, quienes pueden pagar o no la conexión a tierra, las dificultades para solventar el aumento repentino y abismal de algunos casos, pero todos tienen un punto en común y principal sobre que las políticas decisivas, sobre el gas en este caso, tengan en cuenta las condiciones particulares que tiene la provincia, una zona fría que depende directa y cotidianamente de este servicio.
El gas en Tierra del Fuego es un servicio básico y necesario para la población; no solamente en las épocas invernales, sino que todo el año. Por eso cualquier resolución que se tome debe considerar el impacto social que va a provocar, teniendo en cuenta que muchas familias y vecinos no viven en las condiciones adecuadas, no tienen un salario digno y justo para poder solventar estos aumentos, y hasta se han quedado sin trabajo.
Los que no viven en Tierra del Fuego consideran que contar con gas accesible es un lujo; para los fueguinos es una gran necesidad. Somos la provincia más fría del país y con el gas no se puede jugar.
* Estudiante de 3° año de la Tecnicatura Superior en Comunicación Social del CENT 35. Nota realizada en el marco de la materia Prácticas Profesionalizantes II.