OPINIóN | 18 AGO 2017

OPINIÓN

El sindicalismo en tiempos difíciles: de primeros actores y extras olvidables

Las elecciones de medio término instalaron un debate acerca de la postura de distintos referentes gremiales, algunos que conformaron listas y otros que apoyaron diferentes propuestas públicamente. ¿Todo da igual? ¿Qué relación hay entre la vida sindical y la construcción política? En el caso de la UOM los máximos referentes de las dos seccionales tuvieron posturas diametralmente opuestas. Tapia apoyó al oficialismo y Martínez encabezo una lista “de trabajadoras y trabajadores”, según el mismo aseveró. El periodismo también opino sobre el resultado. ¿Quién ganó y quién perdió? ¿Solo se trata de sumar votos? La importancia de un debate obligado




Pasadas las elecciones de medio término se instaló un debate que involucra a dirigentes de la Unión Obrera Metalúrgica de la provincia, poniendo en el tapete una situación que se percibía desde hace mucho tiempo; pero que pocos expresaban públicamente, salvo en las charlas entre trabajadores del sector y sectores de la comunidad interesados en el devenir gremial.

 

Oscar Martínez y Héctor Tapia tienen una historia de encuentros y desencuentros, con un claro saldo favorable para este último tipo de situaciones.  A los gremialistas ya no se los ve juntos, quizás la campaña electoral que llevó a Martínez al Congreso de la Nación y las últimas negociaciones paritarias compartidas, sean el claro mojón que señale el inicio de un camino que terminó en divorcio, y que no es más que un reflejo de distintas actitudes ante la actividad sindical, ante los trabajadores y frente a la vida misma.

 

Esos caminos diferentes, esas diferentes actitudes, trascienden largamente a Martínez y Tapia. Llevan a observar y reconocer, en cada uno, la decisión que suelen tomar hombres y mujeres –cada uno de acuerdo a su rol y posibilidades- cuando hay que pararse frente al poder y los poderosos. Pero, fundamentalmente, la diferencia se puede notar cuando los tiempos son difíciles y “la mierda viene mal”; como dijo aquel aguerrido central argentino, hoy exitoso técnico del Atlético Madrid. Porque algunos se dan vuelta y van con ella, mientras otros prefieren “agarrarla con la boca” y dar pelea; de acuerdo a los preceptos del pensador Simeone.

 

Las paradas de los dirigentes, inevitable es, tienen consecuencias en sus dirigidos. Porque las posturas que tomen los afectarán y porque darán impulso o debilitarán la posibilidad y la determinación de luchar, por sus derechos y reclamos.

 

El retroceso en las condiciones laborales y salariales de los metalúrgicos de Ushuaia; con cuatro categorías por debajo de sus pares de Río Grande, con el cuestionadísimo sistema de “empleo joven”, con un régimen de terror que liquida cualquier atisbo opositor al interior de la organización, con la precariedad laboral y las presiones permanentes para las trabajadoras y los trabajadores que se desempeñan en la empresa más grande de la seccional; son el inocultable reflejo de un proceso de precarización que comenzó mucho antes que esa palabra empezara a sobrevolar nuevamente la Argentina.

 

En tiempos de crisis y recesión para los sectores populares y los trabajadores –esos tiempos en los que los sectores privilegiados suelen incrementar sus ganancias y privilegios- todos y todas, cada uno y cada una, nos vemos casi obligados a tomar partido. Porque tomar partido no solo es decidir acciones, también es mirar para otro lado mientras todo acontece. Son esos momentos en los que se debe decidir si ser actor protagónico, de reparto o un olvidable extra, que nadie recordará.

 

No solo los gremialistas; también los maestros, los artesanos, los artistas, los estudiantes, los vecinos de los barrios, los jubilados, los gobernantes y los gobernados. Todos y todas, cada uno en su rol y en su sector; decidiendo qué lugar ocupar, que papel desempeñar; si ser héroe o villano. Y cada uno y cada una mirando a sus referentes, esperando y reclamando respuestas; un rumbo. Por eso este debate trasciende a los metalúrgicos, va más allá de un posicionamiento electoral, es una postura frente a la vida. Se trata de intentar construir la historia, intervenirla, ponerle el cuerpo por uno mismo y por todos y todas. O ser aquel extra de relleno, tomando café en una mesa solitaria; simulando hablar, sin decir nada. Por eso no se trata de una interna gremial; se trata de la dignidad y el compromiso, de eso se trata.