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sábado 18 de julio de 2026 - Edición Nº2782

Opinión | 18 jul 2026

RELATO FUTBOLERO Y ALGO MÁS…

Pasión geriátrica: Cuando la vida renace

11:53 |El relato de un partido compartido en un geriátrico, la vivencia de un hijo con su padre, el amor que no envejece. La pasión que no cambia en un texto de Hernán Scandizzo.


Por: Hernán Scandizzo

A la mañana mi hermana me mandó una foto de mi viejo con una vincha celeste y blanca, estaba parado, apoyado en el andador. En el geriátrico estaban calentando motores pero no imaginé hasta qué punto.

Pasadas las 15.30 salí de la casa donde me crié, en Morón, y caminé rumbo al geriátrico. No soy particularmente futbolero, tampoco patriotero -me mueve lo social más que lo nacional-, pero ver este partido con mi viejo tenía para mí un sabor particular. Cuando él todavía estaba en su casa y yo viajaba a visitarlo, los partidos de Racing eran un buen momento para compartir, y con todo lo que moviliza la Selección, quería estar con él. Sabiendo que tal vez sea el último mundial que estemos los dos juntos, ojalá me equivoque.

En el kiosco que está frente al Hospital compré tres tabletas de chocolate. En los anteriores partidos con mi compañera comimos chocolate y la Selección ganó… le pese a quién le pese. Con el talismán en el bolsillo, crucé la avenida Yrigoyen y encaré hacia el negocio que vende churros y chipá, pero estaba cerrado, lógico. La mayoría de los comercios estaban cerrados, en la calle se veía poca gente y quienes andaban a pie o motorizados, buscaban llegar a destino para ponerse frente al televisor.

Llegué al geriátrico 10 minutos antes de que empiece el partido. Ya era una fiesta. Todos con vinchas, algunos con matracas, sentados en largas mesas, y el televisor en el centro del salón -un salón adornado con guirnaldas. Cuando sonó el himno lo cantaron de manera sentida, como si estuviesen adentro de la cancha. Las trabajadoras del geriátrico les acomodaron las sillas, para que estén de frente a la pantalla. En broma les decían que por dos horas nadie iba a ir al baño.

Todo el personal se fue al salón y se acomodó entre los viejos y las viajas. Cuando una cámara enfoco a Mick Jagger en un palco, la cocinera estalló en aplausos, fue la única concesión a los británicos. Después, durante todo el partido, arengó a los jugadores. “Vamos todos arriba!”

Con sigilo le pasé una tableta de chocolate a mi viejo, pero le dije que esperara a que empiece el partido, que por cábala no la coma antes. Y yo me agarré una para mí.

El geriátrico estalló cuando el pelotazo de Enzo Fernández pasó apenas por arriba del ángulo. Ya a esa altura del partido, cuando una de las trabajadoras del geriátrico ofreció jugo, recibió como respuesta de una abuela, que mejor trajera whisky.

A todo esto, mi viejo seguía maravillado por la cantidad de gente que había en el estadio, tres bandejas repletas. Y también le llamaba la atención que en Atlanta y en el hogar (Vaca Muerta mediante) hacía la misma temperatura. En ambos lugares la gente estaba en camisa o remera

En el entretiempo una de las cuidadoras comenzó a enseñarle a una abuela una canción de aliento a la Selección. El 0 a 0 no conformaba, pero tampoco se lo vivía con angustia. Cuando hizo el gol Inglaterra, a poco de empezar el segundo tiempo, se hizo un silencio profundo.

Cuando Scaloni hizo el primer cambio, y reemplazó a Paredes por Nico González, la cocinera se enojó, apuntó que lo tendría que haber sacado a Molina, que tenía una amarilla.

En la pausa de hidratación saqué la tableta que me quedaba en el bolsillo y le di la mitad a mi viejo, había que reforzar.

El geriátrico estallaba cada vez que la pelota que pasaba cerca del arco inglés. Después había que explicarle a Mechi que no había sido gol. Cuando Enzo Fernández la embocó y marcó el empate, no hubo que explicarle nada a Mechi. Ese lo entendió clarito, pero si hubo que explicarle que el de Lautaro Martínez era otro gol, el segundo de Argentina. El de la victoria.

La Mechi rezó el rosario mientras miraba el partido, y le pidió a dios que haga justicia por los chicos muertos en Malvinas. Ese era otro partido que se jugaba en paralelo.

Cuando el árbitro marcó el final, se armó alta fiesta. (Por dentro pensaba, esta noche, clona para todos y todas!) Mi viejo estaba emocionado, tenía los ojos humedecidos, y yo también. El seguía asombrado por la cantidad de gente que había en el estadio.

Una de las laburantes empezó a cantar: “el que no salta es un inglés”, pero entre tanto andador y silla de ruedas era imposible que fuera consigna movilizadora. Otra saludó uno por uno a los abuelos y abuelas, yo también ligué beso. Y en el reporto de besos le dijo a una abuela: “Esta es la victoria de los pobres, esto es lo que disfrutamos los pobres”.

Yo me quedé un rato más con mi viejo, viendo los festejos en la cancha. Después encaré para la casa donde mi creí. Por todos lados se escuchaban bocinazos. En un kiosco me compré una cerveza y seguí caminando despacio, mientras la tomaba. Frente al Hospital, en una obra en construcción, había tres flacos escabiando y escuchando a Gilda todo trapo. Brindamos de vereda a vereda y seguí, sentía la necesidad de sentarme frente a la compu y escribir.

Todavía llegan los bocinazos de la calle.

No sé qué va a pasar el domingo, solo lamento que no voy a estar en Morón para ver el partido con mi viejo en el geriátrico.

Fuente y fotos: portalrevistasudacas

Link a nota original: https://portalrevistasudacas.wordpress.com/2026/07/17/pasion-geriatrica-cuando-la-vida-renace/

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