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lunes 13 de julio de 2026 - Edición Nº2777

Ecología y Ambiente | 13 jul 2026

UNA MIRADA DESDE CHILE

“La salmonicultura genera empleo, pero también grandes desigualdades e injusticias”

10:30 |El sociólogo chileno Camilo Godoy analizó el complejo escenario de la industria salmonera en la región sur del continente, advirtiendo sobre el impacto ambiental y la precariedad laboral que arrastra el sector. De visita en Tierra del Fuego, el especialista compartió los ejes de su investigación de maestría y trazó un paralelismo entre el modelo trasandino y las intenciones de réplica en el ámbito local. En su análisis, cuestionó los discursos oficiales del desarrollo y convocó a la articulación comunitaria para defender los territorios australes, frente a las decisiones tomadas desde los gobiernos centrales.


Camilo Godoy, sociólogo egresado de la Universidad de Chile y actual tesista en la Universidad de Florida, llegó a la provincia para tender puentes con la Asamblea Comunidad Costera y diversos colectivos ambientales. Su propósito fundamental radica en desmenuzar las narrativas corporativas de la salmonicultura para construir herramientas de resistencia colectiva. Al explicar el sentido de su presencia, señaló que la idea es tratar de conversar un poco de su experiencia y lo que ha estado viendo en su tesis de maestría, analizando cómo se presenta el tema tanto en Chile como en la Argentina, específicamente en Tierra del Fuego. El profesional apunta a comentar algunas narrativas que ha encontrado de la industria y ver cómo en el fondo desde también la comunidad se puede rebatir y encontrar una alternativa a esto.

Frente a quienes suelen exhibir el espejo de la industria chilena como una panacea económica y un modelo a imitar en la región, el especialista contrapone una realidad “mucho más compleja y matizada por el costo social”. Admite que ha habido una expansión de la industria muy importante “desde la dictadura hasta ahora en Chile, que ha generado empleo y trabajo”, pero advierte de inmediato que también “ha generado grandes desigualdades, grandes impactos ambientales y socioambientales”. Para el sociólogo, la experiencia vecina debe funcionar “como una señal de alarma antes de avanzar con proyectos locales”, remarcando que hay que tener mucho cuidado con los errores que ha habido y las injusticias que se han cometido, para que no vuelvan a pasar acá.

El debate por los puestos de trabajo suele ser el principal argumento para habilitar el desembarco de estas corporaciones, aunque el investigador invita a “desconfiar de las estadísticas frías y a mirar las condiciones reales de la masa asalariada”. El factor cuantitativo no es suficiente para justificar la actividad si se descuida el aspecto humano. Sostiene que “es importante el tema del empleo, pero uno no solo tiene que mirar el número, sino que tiene que mirar la calidad del empleo”. Detalló además que “investigaciones previas revelan que la sindicalización es muy débil y que los trabajadores en el rubro salmonero no tienen gran poder frente a los patrones, por lo que es indispensable evaluar ese tipo de variables”.

 

Un rastro de degradación y centralismo

 

El proceso de expansión territorial de las salmoneras en el país trasandino ha seguido una lógica de saturación geográfica que hoy amenaza con trasladarse a las latitudes más australes de la Patagonia. “El daño no es estrictamente ecológico, sino que se cobra vidas en las plataformas de producción”. El sociólogo expone que, “tras saturar la zona de Puerto Montt y Chiloé, las empresas se han ido acercando cada vez a Magallanes con un gran impacto ambiental”. Insiste en que “no hay solamente que ver el tema económico, sino que también se debe observar el peligro que reviste el rubro para los buzos y para todas las faenas que están principalmente expuestas a temperaturas muy extremas”, concluyendo que es muy complejo para los trabajadores el rubro y que no solamente hay que ver el empleo y el dinero.

La viabilidad de instaurar esta práctica en la Argentina encuentra un fuerte impulso en las agendas de los Estados nacionales, lo que a su vez reaviva “viejas tensiones federales por el manejo de los recursos naturales compartidos”. Godoy percibe un trasfondo político donde “las decisiones se toman a miles de kilómetros de donde se sufren las consecuencias”. Considera que “existe una agenda que tiene mucho que ver con los gobiernos centrales de favorecer este tipo de extractivismo y agudizar las tendencias centralistas que hay en los estados con las provincias”. Igualmente alertó sobre “el peligro de ver cómo desde Buenos Aires o desde Santiago se empieza a decidir qué es lo que va a ocurrir en lugares remotos, en las provincias, que tienen mucho que decir al respecto”.

El horizonte de su trabajo de investigación busca precisamente “encender alarmas frente al optimismo gubernamental y dotar de argumentos a los pobladores locales”. Su mirada científica se traduce en “un compromiso social concreto para la protección del entorno costero”. También explicó que su labor gira “en torno a cómo este tipo de industria puede producir mayores injusticias o mayores desequilibrios a nivel ambiental y social, y que hay que tener mucho cuidado cuando vienen esos discursos esperanzadores de la autoridad sobre la gran promesa de desarrollo de la región”, que es lo que les han dicho a ellos por décadas en Chile. Finalmente, el académico recalcó “la necesidad de mantener una postura de sospecha y organización frente a estas promesas”, concluyendo que “hay que tener bastante precaución con eso y estar muy precavidos y atentos como comunidad para responder”.

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