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sábado 4 de julio de 2026 - Edición Nº2768

Opinión | 4 jul 2026

EN PRIMERA PERSONA

Las familias hacen malabares para enfrentar la crisis

21:00 |Con precios que no paran de subir y sueldos que se quedan cortos, muchas familias tuvieron que cambiar sus hábitos y recortar hasta en lo básico. Una pareja con sus dos hijas y una mamá que cría a su hijo sola cuentan como es el día a día cuando la economía aprieta.


Por: Por Ximena Piñero*

La crisis económica no da respiro y se siente en el bolsillo de miles de personas. En Río Grande, con los precios por las nubes y el miedo a perder el trabajo hasta quienes tienen un sueldo fijo están preocupados. Llegar a fin de mes dejó de ser un problema de pocos para convertirse en la realidad de casi todos. Los relatos de Mariana y Carlos y de Laura muestran cómo hay que hacer malabares y cambiar prioridades para que la plata alcance.

Lo que cuentan las familias en Río Grande tiene su respaldo en las cifras oficiales. Según el INDEC, en mayo de 2026 la inflación se ubicó en un 2,1 %, pero el dato que más pesa es otro: una familia de cuatro integrantes necesitó casi un millón y medio de pesos (1.498.741) para no caer en la pobreza. Aunque el ritmo de las subas parece calmarse, llegar a fin de mes sigue siendo una pelea diaria para muchos hogares.

 

Dos sueldos que ya no alcanzan

 

Mariana explicó que, aunque tanto ella como su esposo trabajan, la situación económica se volvió difícil. Como ocurre en muchos hogares de la ciudad, los ingresos familiares ya no alcanzan para sostener el nivel de consumo de años atrás. Con el supermercado y las boletas de servicios subiendo mes a mes, a muchas familias no les quedó otra que cambiar su rutina y elegir con lupa lo que es realmente indispensable. “Nos hemos dado cuenta de que las cosas están mucho más caras, sobre todo los alimentos. Antes teníamos un control de los gastos, pero podíamos darnos algunos gustos. Hoy ya no”.

Las salidas a comer o comprar comida hecha, que antes formaban parte de la rutina familiar, desaparecieron casi por completo. También cambió la manera de organizar las comidas diarias. Cada gasto es evaluado con anticipación para evitar desperdicios y aprovechar al máximo los recursos disponibles. “Ahora preguntamos quién va a comer antes de cocinar para no gastar de más. Antes cocinaba igual y si alguien no quería comer no lo hacía”.

La inflación también modificó la forma de comprar. Comparar precios entre comercios, buscar promociones y aprovechar descuentos se volvió una práctica habitual. Las restricciones alcanzaron además actividades recreativas y deportivas. Los padres dejaron de pagar el gimnasio para sus hijas y suspendieron sus propias actividades físicas. La compra de ropa y calzado también pasó a realizarse únicamente cuando resulta indispensable. “Antes tratábamos de comprarles zapatillas cada seis meses. Ahora esperamos hasta que realmente las necesiten”.

 

Endeudarse para sobrevivir

 

Cuando el sueldo no llega a cubrir todo, muchas familias terminan usando la tarjeta o pidiendo préstamos para hacer frente a los gastos del mes. El problema es que esa ayuda se convierte en un problema cada vez mayor: los intereses se acumulan y el presupuesto se achica todavía más. Mariana y su familia, por ejemplo, tuvieron que empezar a elegir qué cuentas dejar de pagar para poder cubrir lo más urgente. “Dejamos de pagar algunas tarjetas para poder afrontar otras necesidades. Eso generó deudas que todavía estamos tratando de acomodar”.

Todo se complicó cuando aparecieron gastos con los que no contaban, como el viaje deportivo de su hija menor. Como no les daba para cubrir todo, decidieron darle prioridad a eso y dejar otros pagos para más adelante. “Priorizamos pagar eso antes que algunas cuentas. Después cuesta mucho ponerse al día”.

A las dificultades económicas se agrega la incertidumbre laboral. Carlos trabaja en una fábrica y asegura que el contexto de la industria fueguina genera  preocupación entre los trabajadores, ante la posibilidad de suspensiones o una baja de actividad. “Siempre está esa incertidumbre. Uno no sabe qué puede pasar el mes siguiente y eso preocupa mucho”.

 

Cuando cada compra debe planificarse

 

La realidad de Laura tiene otras particularidades. Como único sostén de su hogar, cada aumento de precios impacta de manera directa sobre su presupuesto. Sin una segunda fuente de ingresos, cualquier gasto inesperado puede desequilibrar las cuentas del mes. “Con un solo sueldo se hace muy difícil llegar a fin de mes. Muchas veces tengo que recurrir a la tarjeta de crédito o pedir dinero prestado”.

Uno de los cambios más notorios se produjo en la alimentación. Productos que antes eran habituales hoy aparecen con menos frecuencia en la mesa familiar. Para que el dinero rinda, hoy no queda otra que caminar y buscar ofertas; se volvió la única manera de seguir comprando lo básico sin desequilibrar el presupuesto. “Ya no consumimos tanta carne, pollo, frutas o lácteos como antes. Buscamos alternativas más económicas porque no alcanza”.

La necesidad de administrar cada peso también modificó sus hábitos de compra. Laura intenta aprovechar ofertas y promociones cuando puede, aunque reconoce que ya no tiene la posibilidad de realizar compras grandes para abastecerse durante varias semanas. “Antes compraba todo junto. Ahora tengo que elegir que reponer primero y qué puedo esperar”.

 

Sacrificar lo que nos gusta

 

Las dificultades económicas no solo afectan la alimentación o el pago de los servicios. También repercuten en los espacios de recreación y esparcimiento, que suelen ser los primeros gastos en quedar fuera del presupuesto.

Laura tuvo que dejar el gimnasio para poder afrontar otros compromisos económicos. Además, debió retirar a su hijo de las clases de danza que realiza desde hace tiempo. La preocupación económica también la llevó a analizar cambios más profundos en la organización familiar, como la posibilidad de trasladar a su hijo de una escuela privada a una pública. “Cuando los pagos del sueldo se atrasan, todo se complica. Hay momentos en los que uno analiza todas las opciones para poder seguir adelante”.

Mariana, Carlos y Laura tienen historias distintas, pero los une la misma angustia: los sueldos ya no alcanzan a los precios. En sus casas, el ajuste fue inevitable; se terminaron las salidas y cada compra se piensa dos veces. La crisis obligó a cambiar hábitos para llegar a fin de mes. Hoy, el plan ya no es progresar, sino resistir y garantizar que no falte lo básico en la mesa.

 

En esta nota se utilizan nombres ficticios a pedido de las personas entrevistadas.

*Estudiante de 3° año de la Tecnicatura Superior en Comunicación Social del CENT35. Nota realizada en el marco de la materia Prácticas Profesionalizantes II

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