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martes 16 de julio de 2024 - Edición Nº2050

Opinión | 29 jun 2024

HISTORIAS DESDE ADENTRO

El día de las mil caras… Día del padre en el penal

Una nueva entrega, desde la Unidad de Detención Uno de Río Grande, de “Trula” Juárez. En este caso, las vivencias de un preso en una fecha importante, como el Día del Padre. “Nos acomodamos cada uno en un lugar de la mesa, servimos la comida, cada uno está en su mundo. La mesa se transformó en un silencio eterno”, cuenta Trula.


Por: “TRULA” JUÁREZ *

Hoy es el día del padre y en este pabellón no hay visitas. Es domingo, pero no un domingo común, el día será bastante largo muy pesado, en especial para los muchachos que somos padres.

La jornada empieza, como siempre, con unos mates, charlas, llamados telefónicos. Los que tenemos un poco de humor le ponemos onda y comenzamos a organizar todo para la comida de la noche, ya que por fecha festiva comeremos algo distinto. Muy temprano, se levanta uno de los presos viejos y exclama: “Qué bronca loco, otro día del padre en cana”. “Che amigo, tranquilo, pone un poco de onda que nada es para siempre” le dice un cumpa que está conmigo, haciendo los preparativos del día. El preso viejo se disculpa y se va con su cara de ya cansado, de siempre lo mismo.

A lo lejos, se escuchan unos insultos, es otro de los muchachos que obvio reniega, porque su traslado se demoró en buscarlo para ir a pasar el día con su familia. Todos nos acercamos y reclamamos su traslado y le explicamos que no se envenene con el guardia, que espere y así se ira a su casa. Que no le dé con el gusto de perder su salida, nos mira y recapacita, se aleja de las rejas se ríe y espera su traslado, con felicidad y cara de feliz cumpleaños.

Seguimos el día preparando las comidas con música bien fuerte, para despabilar la cabeza.

Terminamos de cocinar, ponemos la mesa como se debe para cenar y al grito de “rancho”, que es la palabra que se usa para llamar a comer en el penal, nos reunimos.

Nos acomodamos cada uno en un lugar de la mesa, servimos la comida, cada uno está en su mundo. La mesa se transformó en un silencio eterno, nos rondaba la tristeza y la nostalgia, una mínima palabra puede terminar en una riña por cualquier motivo, así que nadie quiere decir nada, preferimos no empeorar más el mal rato.

Terminamos de cenar, cada uno se va a su celda, empiezan los llamados telefónicos de buenas noches. Los que tenemos la suerte de tener a nuestros padres vivos, los llamamos, les decimos lo mucho que los extrañamos, y les recordamos lo mucho que los queremos y que ya queda poco para volver a estar junto a ellos.

Dedicado a mi padre Juan Benjamín Juárez y mis abuelos, Carmen Esteban Juárez y Julio Cruz.

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