La importancia de este acontecimiento no está dada únicamente por su magnitud, sino sobre todo por el contexto económico, político y social mundial, caracterizado por la organización internacional de las fuerzas conservadoras, imperialistas y capitalistas, que avanzan sin pausa en su guerra contra los pueblos del mundo. La acumulación capitalista así lo requiere, al menos en esta nueva etapa que se abrió con la crisis iniciada en Estados Unidos y Europa en el año 2008 y el deterioro de la hegemonía yanqui en el mundo.
Una guerra contra los pueblos en la que todo deviene en mercancía, hasta la muerte, como el genocidio del pueblo palestino en Gaza, vidriera para la comercialización de tecnologías militares y de control social, así como proyectada sede de negocios inmobiliarios una vez consumada la limpieza étnica. Y ensayo para lo que pretenden para el resto del mundo, en el vano intento del capital por salir de su crisis redoblando la explotación sin límites de quienes vivimos de nuestro trabajo y expoliando a la naturaleza hasta su misma destrucción. Las ultraderechas y el poder económico, hace tiempo que planifican esta guerra contra los pueblos, explotados y oprimidos del mundo. Desde la Casa Blanca y el Pentágono, en las reuniones anuales en Davos, en el FMI o en la internacional reaccionaria que, bajo el nombre de “Conferencia de Acción Política Conservadora”, estuvo reunida en Dallas (EEUU) al mismo tiempo que nos convocábamos en Porto Alegre, en claro contraste de las fuerzas enfrentadas.
Esta es una primera clave a celebrar de esta Conferencia. Nuevamente, recogiendo una rica tradición del pueblo trabajador del mundo, comenzamos a reunirnos internacionalmente para debatir cómo enfrentarlos. Sin dudas con debates, diferencias, tensiones y una diversidad que habrá quienes interpreten como negativa, pero que es reflejo -así lo entendemos- de la combativa riqueza que bulle desde las entrañas de nuestro pueblo, así como oportunidad de clarificar rumbos diferentes mientras resolvemos acciones unitarias, como las que se adoptaron contra el genocidio en Palestina y en apoyo a la flotilla global sumud, el bloqueo a Cuba o la agresión a Irán, entre otros temas (que pueden encontrarse en las notas de Huella del Sur sobre la Conferencia). Todos y todas con la convicción de enfrentar y derrotar la ofensiva mundial ultraderechista, sin ocultar debates sobre cuestiones imprescindibles, como las características de la ofensiva reaccionaria, con qué políticas enfrentarla, así como las divergencias sobre estos temas entre los progresismos y las izquierdas, que la Conferencia tuvo la virtud de hacerlas salir a la luz, sin por ello abandonar la decisión de pegar en unidad contra el neofascismo que encabeza Trump desde los EEUU, junto al gendarme sionista y genocida de Netanyahu y el cruel perrito faldero de Milei que, desde Argentina, recorre el mundo propagandizando la deshumanización, el individualismo, la indiferencia frente al dolor del otro, la ignorancia, el consumismo y la desigualdad como valores supremos.
Una segunda clave es la importancia de una amplia unidad de las izquierdas, de los sectores populares y de los colectivos y organizaciones de lucha para el enfrentamiento contra la ofensiva ultraderechista, unidad en la que nos falta avanzar mucho. En Argentina estamos aún más atrás que en Brasil al respecto.
El tenor de las divergencias que existen no es menor y las críticas a aquellos que de una u otra manera no supieron o no quisieron enfrentar -desde el llano o desde los gobiernos progresistas- las imposiciones del capital, resultan necesarias, pero no pueden justificar ausencias. La Conferencia demostró la posibilidad de que estos debates se desarrollen en marcos de unidad. El contrapunto que se dió en la mesa que abordó el “Anti-racismo, feminismo y derechos civiles” estuvo en boca de muchos y es un buen ejemplo de la clarificación política para avanzar, aún con debates pendientes. Mientras una ponente que había sido parte del gobierno de Dilma Rousseff dedicó parte de su exposición a defender lo hecho, cuando le llegó el turno a Auricelia Arapiun, de los pueblos indígenas de la Amazonía y Pará, advirtió que fue Lula quien había “decretado la muerte del río” y que fueron los pueblos indígenas, con su lucha y con la reciente toma de Cargill, quienes defienden el territorio, “no solo por nosotros, sino por el planeta”. La enorme ovación a sus palabras de parte de casi la totalidad del auditorio y de gran parte de la mesa, demostró la utilidad de sacar los debates de pequeños cenáculos hacia todos y todas quienes se enfrentan a la ofensiva del capital.
Esto se reflejó en la declaración final de la conferencia que, conservando los marcos de unidad, avanzó en definiciones anticapitalistas que la convocatoria inicial no contemplaba. Sin dudas quedaron temas pendientes, muchos de importancia, como la guerra entre Ucrania y Rusia y las responsabilidades de la OTAN en ella, o el carácter de China, que se plantearon sin llegar a resoluciones unificadas.
Pero estamos convencidxs que quienes prefieren sostener verdades -por más ciertas e importantes que las creamos- sin someterlas clara y fraternalmente al debate en el seno de nuestro pueblo, para avanzar junto al mismo, poco hacen para hacerlas realidad, ya que sólo los pueblos, con sus luchas y propuestas alternativas, serán quienes podrán derrotar la ofensiva capitalista y evitar el fin de la vida en el planeta. Creemos importante, esperamos, que próximos encuentros, como el que se realizará, entre otros, en Argentina, cuente con el invalorable aporte del conjunto de la izquierda argentina, de la que solo participó un sector.
Una tercera clave, es que esta primera Conferencia hizo evidente la necesidad de reflexionar de conjunto acerca de los principales pilares que conforman el avance del fascismo a nivel internacional, con sus características particulares de la época, como la financiarización de la economía, el desarrollo de nuevas tecnologías relacionadas con la big data, el saqueo extractivista, la cada vez mayor concentración de la riqueza de los mil millonarios, la multiplicación de la opresión patriarcal para que las mujeres se hagan cargo de las tareas de cuidado que los continuos ajustes económicos relegan, el racismo y la xenofobia, la crisis ambiental, así como la relación de todos estos temas -usualmente abordados muchos de ellos como cuestiones identitarias desarticuladas e independientes entre sí- con el capitalismo en general y con su fase actual en particular, y muchos otros temas que cada una de las conferencias oficiales apuntó a debatir y esclarecer, como parte del ADN neofascista.
También hubo mesas en las que se hizo un ejercicio teórico – práctico, para poder analizar cómo se dan esas políticas neofascistas hoy en día: las temáticas sobre Cuba, Palestina, Venezuela e Irán, apuntaron en ese sentido ya que es donde se hace más evidente la política económica, social y cultural del eje EEUU-Israel, como principales impulsores del neofascismo actual. Por fuera de las conferencias oficiales, se realizaron una gran cantidad de actividades autogestionadas, con temáticas más particulares, muchas de gran importancia, como la que vinculó cuestiones como la deuda externa, la financiarización del capital y la lucha por la soberanía energética o la mesa en que se lanzó el manifiesto ecosocialista, entre otras.
Otros temas que vemos como importantes quedaron planteados sin poder abordarse en apenas cuatro días, como el que enunció la activista gitana Pastora Filigrana García, que hizo referencia al debate entre “las políticas de identidad, que particularizan las opresiones, o las políticas de clase, que articulan a un sujeto diverso”.
A través de estos debates se fue haciendo carne una cuarta clave de la lucha contra las ultraderechas, la de que la unidad, siendo imprescindible para vencerlo, resulta condición necesaria pero no suficiente. A través de diversos paneles, intervenciones y charlas que daban cuenta de la realidad y la propia experiencia, se fue constatando la necesidad de que para vencer al fascismo era necesaria una mayor radicalidad y la adopción de medidas anticapitalistas. Algunos paralelos hechos con el fascismo del siglo pasado, argumentando que la radicalidad de las propuestas podría alejar a sectores imprescindibles para la unidad antifascista, si bien ciertas en su momento -en que sólo una parte del capital pretendía utilizar métodos fascistas contra los pueblos mientras otra, también contra los pueblos, prefería los métodos democráticos, al tiempo que los EEUU imponía a su “desarrollo” para construir hegemonía- no alcanzan a dar cuenta de las novedades de la ultraderecha actual.
Creemos que la falta de algunas medidas elementales anticapitalistas y antiimperialistas, quizás podría acercar a algunas “figuras” -que anhelan la conciliación de clases en tiempos en que resulta imposible-, al costo de alejar a los pueblos que están sufriendo la ofensiva actual del capital a niveles inéditos. Y cómo indica el mismo subtítulo de la Conferencia, “por la soberanía de los pueblos”, no habrá manera de vencer a las ultraderechas sin la intervención soberana, protagónica y democrática de los pueblos en lucha.
Una mención aparte merece la juventud brasilera, quien se hizo escuchar en cada una de las mesas y en la marcha de apertura, con una potencia esperanzadora.
Resumiendo, internacionalismo, unidad, debates y radicalidad fueron ejes que recorrieron toda la conferencia. Lo que, de conjunto y sin ignorar las tensiones, produjo una elevada moralización para la militancia presente.
Será tarea para las próximas Conferencias regionales -una de ellas se hará en la Argentina- avanzar en una metodología más participativa del conjunto, tomando el ejemplo de las actividades autogestionadas y el ejemplo que tenemos del “Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias”, que ha demostrado que resulta posible y necesario combinar metodologías que democraticen aún más los debates, las decisiones y las acciones, para que sea ese pueblo que lucha el que tome el protagonismo en las calles, en los lugares de trabajo, de estudio y en cada uno de los lugares que habitamos.