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domingo 17 de octubre de 2021 - Edición Nº1047

Opinión | 5 mar 2021

NICOLÁS

No olvides su nombre

Hace unos días, el martes 2 de marzo, sucedió el trágico suicidio de Nicolas Cristal Izak Pinto. Un caso extremadamente conmovedor ya que se trata de un adolescente trans de tan sólo 15 años. Aquí una columna de opinión sobre lo sucedido.


Por: Dexter Agus Leal

Es importante mencionar su condición de género porque nos permite entender la compleja red de sufrimiento y violencias sistémicas en las que estuvo sumido toda su vida. También nos permite visibilizar que, aunque tengamos leyes hermosas, las identidades trans y disidencias sexuales seguimos siendo marginadas y abyectas, empujadas a la marginalidad, empujadas a la muerte. No es casual que las personas trans tengamos una esperanza de vida de tan sólo 35 años.

Nicolás no es un caso aislado; según investigaciones llevadas a cabo por Fundación Huésped y ATTTA 5 de cada 10 varones trans han llegado a la ideación suicida y más de la mitad de ellos han tenido intentos de suicidio. La ideación suicida es el pensamiento recurrente en la muerte, muchas veces entendida como la única forma de dejar de sufrir las violencias diarias y aparentemente perpetuas que sufrimos como colectivo disidente.

Por eso parecen tan importantes los espacios donde se fomenten las libertades, las marchas del orgullo disidente, los eventos culturales, los grupos con perspectiva de género que a fin de cuenta, suelen ser los únicos lugares que validan estas identidades, son como oasis en un desierto hostil, en una sociedad que sólo nos agravia.

Nicolás Cristal nunca pudo ir a una marcha por miedo a que el desierto se vuelva más tormentoso aún. Nicolás murió sin poder conocer el abrazo de quienes transitaron su mismo sendero en carne propia. Por eso su familia en el entierro convocó a la comunidad LGTBIQ+ de la ciudad para marchar juntxs. La familia creó, una vez más, un lugar libre, seguro para identidades trans.  La familia volvió a dar su apoyo de manera pública a su hijo.

Ahora bien, abramos la perspectiva, pensemos: un suicidio guiado, presionado para su realización por un tercero, ¿es realmente un suicidio? Hoy podemos hablar de un travesticidio social, de un asesinato en el que todxs podríamos estar involucradxs.

¿Cuántos Nicolás más habrá en Tierra del Fuego hasta que nos demos cuenta? ¿Cuánta sangre más gotearán las banderas de la diversidad hasta que empecemos a sentir nuestras manos  húmedas?

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