HISTORIAS DESDE ADENTRO El silbato que rompe las cadenas: Fútbol en el Infierno 15:37 | Estar encarcelado es, por definición, habitar el lenguaje de la pérdida. Se pierde la autonomía para decidir el rumbo de los propios pasos, se desvanece la compañía constante, se fragmenta la familia y el amor se vuelve un ejercicio de resistencia a la distancia. En ese ecosistema de privación, donde las horas se estiran en un encierro de 24 horas, la identidad suele quedar reducida a un número o a una causa judicial. Sin embargo, en la Unidad de Detención Número 1 de Río Grande, está ocurriendo algo que desafía esa inercia del olvido: existe una oportunidad de ganar algo cuando parece que ya no queda nada por perder. Aunque a veces, una decisión burocrática y reglamentarista pretenda boicotear ese esfuerzo.