María José Pazos, integrante de la Comisión de Discapacidad de la CTA y mamá de un alumno de la Kayú Chénèn, en diálogo con Radio Provincia comenzó señalando que el de la escuela “es un edificio de casi 40 años, que se deteriora, que hay que modernizar, pero no nos pueden dejar como nos están dejando desde septiembre y quién sabe hasta cuándo sin nuestra escuela”.
La mamá recordó “el compromiso de quien era en ese momento la ministra de Obras Públicas, Gabriela Castillo, que no iba a ser más que, creo que eran 160 días del plazo de obra, si no me equivoco”. “Y la verdad es que llevamos un peregrinar porque fue un desmembramiento de la comunidad educativa de la Escuela Especial Kayú-Chénèn lo que hicieron. Porque lo mejor que pudieron hacer fue ir repartiendo los servicios en distintos edificios el año pasado, cuando la matrícula propia que asiste a la sede Kayú quedó aislada.
Muchos pibes y pibas quedaron aislados al no tener el servicio en la escuela. Además, eso también resiente el comedor de la escuela”, indicó.
Por esos motivos, dijo que “después del andar de muchas familias, de ir a la supervisión escolar, de presentar notas, de tener reuniones, dijimos: busquen edificios alternativos donde pueda funcionar una escuela especial. Nosotros llevamos las propuestas, las familias llevamos las propuestas”, señaló.
Pero mencionó que “desde la primera reunión que tuvimos, cuando todavía estábamos en la sede Kayú, vimos que la única solución que tenía el ministerio era suspender las clases, llevar a los docentes a que cumplan horario en distintos establecimientos, porque también los docentes andan con este peregrinar. Acá no estamos separados. Por eso digo, hay un desmembramiento de la comunidad educativa toda. Los estudiantes, la familia, los docentes, el equipo directivo, no nos vemos las caras hace meses. Los chicos prácticamente no tuvieron cierre de año”, expresó la mamá.