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sábado 16 de octubre de 2021 - Edición Nº1046

Sociedad | 9 oct 2021

MAIRA ROMINA VIDAL

El sueño de volver

May Vidal ansía volver a apretar el acelerador en el Gran Premio de la Hermandad 2022. ¿Qué lleva a una mujer de 33 años que hoy acuna al pequeño Agustín, a soñar con la velocidad? “Cinco años corrí la Hermandad; Sandra Cárdenas y Carolina Mansilla han sido mis navegantes, porque la idea es ser siempre un binomio de mujeres. Y un binomio competitivo”.


Por: Graciela Donoso*

Dos años en suspenso a causa de la pandemia, ha mantenido a los entusiastas del deporte motor a la espera de la bandera a cuadros. Maira Romina Vidal “May” espera también.

Mientras acuna a Agustín de dos meses, recuerda las 5 carreras de la Hermandad corridas y planifica para el año que viene. El taller y las hojas de ruta; la nieve, el barro, el hielo; el motor, los repuestos; las medidas de seguridad y los auxilios en el camino, rondan en la mente de May, meses previos a cada agosto, desde 2015 cuando Lalo, su pareja, le regaló el primer “Tico”.

 

El público

 

“Mi abuelo Juan Ibazeta, siempre soñó con correr la Hermandad y mi tío la corrió algunas veces” relató May buceando en los orígenes de su pasión.

Ella participó muchas veces como público o auxilio - una experiencia que muchos fueguinos  han vivido - alentando a su preferido y a los más de 100 participantes que cada año recorren las rutas fueguinas a toda velocidad. El público de la Hermandad y los auxilios de cada binomio toman su lugar antes del cierre de las rutas muy temprano, ese sábado y domingo, con todo lo necesario para pasar el día o asistir a los vehículos, escuchando por radio  el paso de los participantes por cada puesto, con infaltable abrigo, chulengo y buen humor.

 

Al volante

 

Desde los años 70 las mujeres fueguinas participan al volante o en la organización; con los cronómetros o como navegantes; como banderilleras y hasta en la revisión técnica de los vehículos; en el autódromo y en las rutas.

Con su frescura y juventud, con ese espíritu de mujer entusiasta que encara desafíos sin distinción de edad ni género, May pasó de público a participante en 2015, cuando “llegó” la sorpresa.

Feliz pero sin experiencia y con un auto que había que preparar, con el apoyo de Lalo y Marcelo, -que lo puso en condiciones- se animó. “Como teníamos el auto, en 2015 empezamos a correr en los “Super Especiales” en el autódromo. Lalo nos insistía que corriéramos la Hermandad, pero me parecía palabras mayores. Para probar, me inscribí en el Rally de Aguas Blancas, con navegante varón. Me encantó correr en ruta. Me entusiasmé y listo”.

Ese año fue piloto “revelación” y se encendió  irremediablemente la pasión. “Nos anotamos           con Sandra Cárdenas en el GPH, faltaban 2 meses, empezamos a hacer hoja de ruta. Sólo la 1ª vez fuimos con los chicos para que nos orientaran cómo se hacía”.

“Con Sandra aprendimos juntas. Hacíamos parte del camino o hasta Porvenir, pero ya solas, porque queríamos probarnos y hacerlo a nuestro modo. En una oportunidad se nos pinchó una rueda y un conocidísimo piloto pasó y se ofreció a ayudar con tan mala suerte que se reventó el dedo. Siempre me lo reclama” recordó entre sonrisas. La amistad sigue intacta. Y la solidaridad entre pilotos demostrada.

“Eso es algo llamativo y permanente en la Hermandad, es pasión y solidaridad. Todos se suben para ganar o algunos para dar la vuelta. Se dice que con ir y volver te das por satisfecho, aunque la mayoría se juega a acelerar y si es posible ganar, pero una vez que te bajas del auto se comparten experiencias, anécdotas y si necesitas algo, te ayudan en lo que haga falta. En Porvenir una vez me arreglaron un problema de electricidad mecánicos chilenos. Es un clima hermoso de camaradería”.

 

La Hermandad

 

“Correr el Gran Premio de la Hermandad es una experiencia que invita a repetirla” aseguró May, mientras cambiaba los pañales de Agustín, su primer hijo nacido en julio de este año.

El GPH se corre desde 1974 y sólo se suspendió en 2020 y 2021 por la pandemia. Es una carrera que se corre a frontera abierta y que ni en el conflicto del 78 con Chile se cortó. Forma parte de nuestra idiosincrasia, de nuestra historia y nuestro presente. Y así lo vive May “Estamos todas y todos ansiosas y ha sido muy difícil, aunque entendible, aceptar la suspensión de la carrera estos dos últimos años”.

“Cinco años corrí la Hermandad, dos con el Tico, tres con un Gol GL; Sandra Cárdenas y Carolina Mansilla han sido mis navegantes, porque la idea es ser siempre un binomio de mujeres. Y un binomio competitivo”.

Más allá de todo prejuicio y aunque no faltan las apuestas, May y sus navegantes se sienten cómodas en los talleres. “Supe que apostaron en otros talleres, que no les gane la May, dicen. Y yo digo ¡Si apostaron asado, invítenme. Gane o pierda!” comentó sonriente.

“Siempre confié en mis mecánicos que son los que saben”. Guerrero, Keno, Agnes han sido los encargados de poner los autos de May a punto y ella es y se siente una piloto más. Con Sandra y Carolina han compartido con naturalidad los preparativos del auto y confiesa “no entiendo nada de mecánica, sólo cambiar una rueda” pero se encarga de comprar los repuestos y de hacer el apoyo logístico –que implica largas tardes en el taller, mucho mate y más asados- durante los meses previos a poner en marcha el auto cada fin de semana del 17 de agosto, desde 2015.

 

Experiencias que no te detienen

 

La primera vez, en 2015 “nos dimos vuelta a la altura de Flamenco, faltando 30 km, ¡quedamos con las ruedas arriba! Casi no había público en el sector, sólo una parejita que nos ayudó a dar vuelta el auto y seguimos. A poco de llegar a la línea de meta, ¡nos quedamos sin nafta!! Nos dieron combustible y llegamos. Dimos la vuelta. Objetivo logrado. Ese año, salimos séptimas en nuestra categoría”. Una prueba más de la importancia del público  a lo largo del camino.

En 2016 corrieron con otra amiga y “no hicimos diferencia, sólo dimos la vuelta”. Un poco mejor fue 2017 “cambié de auto, corrí con un Gol, y salimos 6ª en la general de la categoría C, ¡que no es poco! Lo peor fue en 2018, cuando fundí motor. Lloré mucho. Fue muy frustrante, para nosotras y para todos los que ponemos siempre lo mejor”. Pero había que volver a intentarlo. Al año siguiente hizo podio logrando el 3er puesto en la categoría “C”.

“En 2019 hice hoja con Nadia Cutro. Fue una experiencia inolvidable”. Nadia  es una reconocida piloto del Campeonato Argentino de Rally. Pero para May fue un año difícil, a pesar de  la experiencia con Nadia y el 3er puesto “fue muy complicado familiarmente y no arriesgué nada; corrí pero no estaba con toda la mente en la carrera”.  

 

Volver. Un desafío

 

Más allá de las medidas de seguridad esenciales -el buzo antiflama, la jaula, etc.- y la presencia y apoyo de los auxilios, “lo que más segura te hace sentir es hacer hoja de ruta muchas veces. Te conoces las curvas, sabés dónde podés acelerar. Es fundamental”. May prefiere los pisos difíciles “Es más entretenido con barro y hielo. Cuando está seco, es aburrido y más peligroso”.

La Hermandad es como una fiebre. “Estar ahí en medio de la nada, sola con tu navegante, es una experiencia especial y siempre querés repetirla. Es algo único. Sé que compito con corredores de 20 o más años de experiencia. Es todo un desafío.” 

Los preparativos ya van haciéndose realidad en la mente de esta mujer que sueña con el 2022, cuando Agustín tendrá más de un añito y con el infaltable apoyo de su familia, May volverá a pisar el acelerador a fondo, a bordo de un Chevrolet Onix inyección, que la está esperando para participar en la Categoría A promocional.

Hasta entonces, a tejer sueños y que los sueños se hagan realidad, May.

 

*Nota realizada por estudiantes de 3° año de la Tecnicatura Superior en Comunicación Social del CENT N° 35, en el marco de la materia Prácticas Profesionalizantes II.

 

 

 

 

 

 

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